Tarkovsky decía que un cineasta era un escultor en el tiempo. Mierda y grandilocuencia; un hombre sentado en su todopoderoso estudio rodeado de libros que nunca leyó, con una copa de vino y una pipa; atuendo hughheffnersesco. Esa es la imagen que me viene a la mente cuando pienso en tal frase. Esa es precisamente la imagen que Tarkovsky quería evitar.
Esculpir en el tiempo es mas simple que esto, esculpir en el tiempo se refiere a contar un periodo en la vida de una persona pero quitando las partes aburridas. Como un hombre que talla la piedra y elimina las partes que le sobran para transformarse en una escultura. Pero como empezar a tallar nuestra piedra?
La anécdota, punto de partida de la historia. Se trata de x que le pasa y tendrá que hacer z para lograr su cometido.
El tema: la traición, la venganza, el orgullo, la tenacidad etc. Una palabra, en eso se resume todo.
Los antecedentes: fuentes de inspiración que te llevaron a querer contar una historia en particular.
Pero qué pasa cuando ya tienes todo esto, pero sin embargo sientes que tu historia no tiene alma?
Una imagen vale mas que mil… no mames, pues si mamo. Dice Syd Field que siempre debes de volver a tu anécdota cuando empiezas a perder el rumbo de tu historia. He vuelto pero de todos modos no he sentido pasión por ella, ¿Cual es la razón por la que una historia me ha hecho querer contársela al mundo? (aún cuando solo se exhiba en pequeños circuitos locales) la respuesta es: Una imagen.
Siempre hay un detonante para todo: una plática, un artículo, una fotografía; ése elemento crea una reacción en tu mente o en tus entrañas, que te hace imaginar algo que inspira tu historia. En el caso de un servidor, un niño jugando a patear los globos de lo que queda de una fiesta de año nuevo. Esa imagen produjo una historia, pero en qué reside el poder de esa imagen; la imagen marca el ritmo, el tono, el espíritu general dela historia, es algo a lo que siempre tienes que volver cuando andes navegando por los pantanos de la escritura.
Y ya fin.